El pinganillo de la Milá
Palomares, el hombre del siglo XXI
La verdad es que Javier Palomares es uno de los concursantes que más me fascina de esta edición, quizá tanto como lo hicieron en su día las sin par Conchi y Pamela (de quienes siempre fui fans, así en plural). Palomares es un sujeto curioso, quizá en peligro de extinción, pero maravilloso hasta decir basta.
Este hombre despierta una cierta inquietud; y quien diga que no miente como una bellaca. Mira que hemos llegado a ver mamarrachas en Gran Hermano (excepto la reencarnación de Inma de GH7 en las carnes de Miguel Frigenti, que me parece lo más), pero lo de Palomares nos supera. El chico tiene más feminidad de la que Gema podría llegar a soñar en toda su vida y, sin embargo, es heterosexual. Y no sólo eso, sino que tiene novia formal y planea casarse con ella en breve. No doy crédito.
Dice Mirentxu que no le ve afeminado (espacio para risas). Y digo yo que eso será cosa de las cataratas, porque tampoco hay que ser licenciada en psicología para ver que este chico tiene más plumerío que las boas que se ponía encima Norma Duval cuando era vedette. Las caídas de ojos de Palomares hacen que las poses erótico-festivas de Sonia Monroy se conviertan en una broma de mal gusto, sus movimientos de cabello hacen de Carmina Ordóñez una cualquiera y sus bamboleos de cadera hacen que Beyoncé parezca la más macha de Texas.

Porque (y lanzo esta pregunta así a lo loco) ¿es mala la pluma? ¿Os molesta la pluma? A mí, por el contrario, me parece fascinante. Aunque es cierto que hay que tener una cierta mesura, porque si no te puede pasar lo que a Richi Bastante, que comenzó llamando cari a sus amigas y acabó subida en un par de tacones, poniéndose tetas y haciéndose llamar Nova.
Y, sinceramente, no veo yo a Palomares haciéndose llamar Scandalo o algo parecido. Aún así, he podido escuchar bastantes teorías acerca de la sexualidad de este sujeto: que si nació hermafrodita y sus padres decidieron hacerle hombre (tócate las narices, Maripuri), que si es una lesbiana atrapada en el cuerpo de un hombre (cosas más raras se han visto), que en realidad es gay y lo de su novia es una tapadera para que no se descubra que quien realmente hace que le palpite la pepita es un maromo de metro noventa que se llama Luca (por decir algo)… Es lo que tiene entrar en Gran Hermano: que te arriesgas a que todo el mundo haga conjeturas sobre ti, lo que tienes entre las piernas y cómo lo usas.
Mucha gente está escamada con la amistad que ha nacido entre nuestro adorado Palomares y Julito, el macho cabrío de la casa. El canario, que está más moreno que Lydia Lozano tras doce horas en un salón de rayos UVA, mantiene una relación de complicidad con Palomares que le ha llevado a dormir en la misma cama con él, a querer depilarle los sobacos (vaya aficiones más raras tiene la gente) y a agarrarle lánguidamente la mano al de Ciudad Real mientras nominan. El morbo está servido, oigan.
Palomares, cari, escúchame: ¿Tienes pluma? Pues oye, a disfrutarla. Una amiga mía dice que los homosexuales son la evolución del macho, pero con una sola pega: que les gustan los hombres. Pero tú, querido, eres la excepción: con pluma, festivo y hetero. Si la cosa se terminase con tu prometida, tú ponte en contacto conmigo y yo te presento a mi amiga. Que no se diga.
- Etiquetas: mirentxu, julito, palomares, pluma, sexualidad, mamarrachas
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