Lunny Descarriado
Mirentxu y su drama
Pobre Mirentxu. Sus detractores me dirán lo que quieran, pero a mí esta mujer me da una penica que pa qué. La pobre septuagenaria (hay que tener narices para meterse en una casa llena de gañanes cuando ya peinas más canas que las que tiene Enric Sopena) se ha encontrado a sí misma encerrada en una casa in eternum, sin posibilidad de que la gente la expulse. Y encima, con dos personas que podrían ser sus nietos. Menudo plan.
Imaginaos por un momento la situación: tienes a tu familia criada, a tus nietos a punto de echarse novia, a tus hijos encantados de la vida, a tu perro con sus rutinas creadas y a tu marido entretenido mirando obras por San Sebastián mientras tú ves tranquilamente El programa de AR. Entonces, una oscura mañana de noviembre te sienta mal el ácido fólico que te tomas para que la menopausia no te convierta en una anciana prematura y decides dar un vuelco a tu vida y meterte en Gran Hermano. Pero vamos, que sólo para echarte unas risas, vivir la experiencia y poderles contar algo a tus nietos que de verdad les interese (y no esas batallitas de posguerra que suenan tan a película de José Luis Garci).
Meditas la idea durante toda la semana y decides comunicárselo a todos tus vástagos el próximo domingo, cuando vengan a comer a casa. En plena sobremesa sueltas la bomba: la abuela se presenta a Gran Hermano. Tócate el parrús, Marifé. Tu hija la mayor traga saliva, a tu hijo el del medio se le cae el cigarrillo encima del mantel, el pequeño se parte de risa, tu nieta la preadolescente aplaude y el recién nacido hace burbujas de saliva con la boca. Miras a tu marido y está tan blanco que temes haberle matado de un ictus. Menudo plan.

Tus amigas creen que te has vuelto loca, tu yerno te quiere meter ya en un asilo, tu marido teme que hagas un posado en Interviú y tu nieta está loca de contenta de tener una abuela con cuya foto forrar su carpeta del instituto. Mientras tanto, te llaman los de Gran Hermano para decirte que sí que entras en la casa. Tú te pones espléndida, grabas tu vídeo de presentación y te meten en la casa de Gran Hermano. Ya has cumplido, eres feliz y empiezas a tener ganas de que alguien te nomine para irte y poder decir que has pasado por Gran Hermano como una señora.
El problema viene cuando tienes que encaramarte en sillas, ponerte latas debajo de los pies, aguantar a un tío que dice que es modelo echándote la bronca por falsa, estar rodeada de gente joven que te marea un poco aunque no lo digas… Y luego, cuando ya te imaginas a ti misma durmiendo en tu casa y contando a toda tu familia lo que es estar en Gran Hermano, van y te dicen que te quedas encerrada durante un par de meses más sin posibilidad alguna de que te expulse la audiencia, viviendo con menos avances tecnológicos que un poblado neanderthal y con sólo dos personas. Un drama, vamos.
Mirentxu está que no para llorar y no deja de decir, por activa y por pasiva, que quiere largarse. La mujer echa de menos a su familia y eso de estar haciendo el panoli en una casa ya le ha cansado. Pero aún así, ahí permanece: subiéndose a las sillas con el chal encima de los hombros. No, si al final van a tener razón con lo de que Gran Hermano 10 es otra historia…
- Etiquetas: mirentxu, drama
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