Lunny Descarriado
El Pinganillo en Telecinco (I)
Ay, pinganilleros queridos. Qué dos días de delirio y satisfacción fan ha vivido servidor de ustedes en Madrid, inundado del espíritu de Gran Hermano. Me fui del headquarter de Portalmix (un edificio más grande que el de Telefónica y La Caixa juntos en el que trabajamos las ochocientas veintisiete personas que damos forma a esto) a las tres de la tarde con destino a Alcobendas. Más concretamente, a la calle Federico Mompou (al loro con el nombre) número cinco, donde se encuentra la sede de esa fábrica de sueños que algunos conocemos como Telecinco (o algo así).
El caso es que, tras dos horas y media de Ave, un sinfín de paradas de Metro y un paseo de quince minutos en la gélida noche madrileña, sevidor llegó con su compañera ConectamosConLaCasa a la puerta de Telecinco. Y no, en la puerta no estaba Efrén esperando a alguna de sus tecnocharis candidatas. Tras pasar más sistemas de seguridad que los que deben haber para entrar en la NASA (no vaya a ser que les robe a punta de navaja la entrevista a Cachuli), fuimos admitidos en el reino de Paolo Vasile.
Allí, una risueña azafata apareció de debajo de una baldosa para preguntarnos a qué habíamos venido. Antes de que pudiésemos decirle que teníamos una cita (decir eso en Telecinco te convierte en alguien merecedor de saludo), apareció nuestro compañero de Zeppelin para guiarnos en nuestro camino a través de los pasillos de la cadena que emitía Goles son amores hasta el plató de Gran Hermano.

Se me ocurre mirar el móvil y veo un mensaje de Miguel Frigenti preguntándome si me faltaba mucho para llegar y anunciándome que nos habían sentado juntos y (horreur) en primera fila, justo detrás del sofá de los ex-concursantes. De camino al plató recorrimos un sinfín de pasillos con fotografías de los presentadores y actores estrella de la casa. Nuestro compañero nos señaló el lugar donde antaño estaba colgada una foto de Antonio Lobato (nombre prohibidísimo en Telecinco so pena de muerte) y admiramos la zona destinada a desmayos femeninos adyacente a la foto del Duque.
Entre la foto de Mereceditas (claro) y la de Emma García, encontramos la sala VIP de los ex-concursantes de Gran Hermano (aclaro que el concepto sala VIP significa 'lugar con parqué flotante y lámparas de papel donde hay sofás rojos del Ikea y una mesita de café'). En esa sala conocimos a Li (que o sólo sabe sonreír o es en exceso tímida), a Raquel y a su escote y a Germán, cuya cara se iluminó al comprobar que éramos catalanes. De ahí nos dirigimos al exterior, donde Eva y Gema fumaban junto a Marco, el amigo de Iván. Tras las presentaciones y los cigarrillos de los demás (mientras, yo repetía el mantra 'soy un no fumador feliz' y me mordía las uñas hasta las axilas), entramos al plató.
Y como siempre se dice, es más pequeño de lo que parece en la tele. De hecho es tan pequeño que sólo se usa la mitad del plató, ya que en la otra mitad se encuentra el decorado de (agárrense) Mujeres y hombres y viceversa donde, por cierto, me pareció ver sentada a una candidata a salir con Efrén a la espera de una indicación sobre qué hacer. Las gradas donde el público se sienta durante las cuatro horazas que dura la gala estaban divididas en dos: la VIP y la otra. ¿Cuál es la diferencia? En la grada VIP no hay respaldo y en la otra no se ve nada. Mientras mis lumbares pedían a gritos que les evitase esa tortura, vi revolotear a mi lado a Jani de GH6 que, por cierto, es azafata de Telecinco (!). Tras el sofá estaba Frigenti.
(Continuará)
- Etiquetas: gala, pinganillo, telecinco, frigenti
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